jueves, 31 de octubre de 2013

La Catequesis con carácter propio de los Laicos en la Iglesia.

LA CATEQUESIS CON CARÁCTER PROPIO DE LOS LAICOS EN LA IGLESIA.
Queridos catequistas, gracias por contribuir a la misión de la Iglesia de hacer presente el Reino de Dios en el mundo.  Ustedes anuncian esta Buena Nueva a sus interlocutores con su generosidad y testimonio de una vida entregada, así como lo hicieron los apóstoles al recibir el mandato: “Vayan y anuncien el Evangelio”  (Mt 28,16-20)

En el presente artículo damos seguimiento a la reflexión de la Guía de Formación para los Catequistas de México y algunos  Documentos de la Iglesia que  invitan a profundizar en  la formación que debe adquirir todo Agente que comparte con sus hermanos la fe, la esperanza y el amor, porque como hemos dicho en otro momento: la formación es elemento primordial de la Pastoral de los Catequistas, ya que ésta no sólo redundará en beneficio propio, sino también en función de un mejor servicio en la Iglesia.

“La formación de los Catequistas ha de encaminarse a reafirmar su identidad cristiana en el mundo, que tiene como característica especial la misma índole secular propia del laicado y el carácter singular de su espiritualidad”. GFCM 78

Es muy importante que los Laicos descubran por medio de la formación humana, espiritual, y pastoral, cuáles son sus carismas para ponerlos al servicio de la Iglesia, para que así colaborando en comunión con los Sacerdotes y  con los demás agentes, puedan construir una Iglesia fraterna, donde cada uno se realice según su ministerio.

Con respecto a la formación de los catequistas, el Directorio General para  la Catequesis  DGC 237 nos dice:
Formar catequistas para las necesidades evangelizadoras de este momento histórico con sus valores, sus desafíos y sus sombras, para responder a él se necesitan catequistas dotados de una fe profunda, de una clara identidad, cristiana y eclesial y de una honda sensibilidad social.
La formación tendrá presente, también el concepto de catequesis que hoy pugna a la Iglesia. Se trata de formar a los catequistas para que puedan impartir no solo una enseñanza sino una formación cristiana integral, desarrollando tareas de iniciación, de educación y de enseñanza. Se necesitan catequistas que sean, a un tiempo, maestros, educadores y testigos.
La formación de los catequistas laicos no puede ignorar el carácter propio del laico en la Iglesia y no debe ser concebida como mera síntesis de la formación propia de los sacerdotes o de los Religiosos. Al contrario, se tendía  muy en  cuenta que su formación recibe una característica especial por su misma índole secular, propia del laicado, y por el carácter propio de su espiritualidad.
Como criterio general hay que decir que debe existir una coherencia entre la pedagogía global de la formación del catequista y la pedagogía propia de un proceso catequético.  

La formación del catequista lo debe llevar  un fuerte sentido eclesial.

“La mística de la formación ha de desarrollarse con un fuerte sentido comunitario en dialogo, participación, comunicación, responsabilidad y trabajo en equipo, que favorezca su madurez humana y su identidad como creyente. Oriente a los Catequistas para que en su ejercicio de su ministerio al servicio del Reino, por la proclamación la Palabra, vivan experiencias de ser Iglesia como escuela de comunión y participación en el conjunto de los demás ministerios, siendo fieles a Dios a la Iglesia y a la Humanidad”. GFCM 79

En la Formación espiritual, requiérase  una sólida preparación doctrinal teológica, moral, fisiológica, según la diversidad de edad, condición y talento. No se descuide en modo alguno la importancia de la cultura general unida a la formación práctica y técnica. Para cultivar buenas relaciones humanas es necesario que se fomenten los auténticos valores humanos, sobre todo el arte de la convivencia y de la colaboración fraterna, así como el cultivo del dialogo, de esta manera el seglar se incorpora profunda y ardorosamente a la realidad misma del orden temporal y acepta participar con eficacia en los asuntos de esta esfera, y al mismo tiempo, como miembro vivo y testigo de la Iglesia, hace presente y actuante en el seno de las realidades temporales.

“La formación para el apostolado supone una completa formación humana, acomodada al carácter y cualidades de cada uno. Porque el seglar, conociendo bien el mundo contemporáneo, debe ser miembro bien adaptado a la necesidad y a la cultura de su tiempo. Aprende, ante todo, el seglar a cumplir la misión de Cristo y de la Iglesia, viviendo de la fe  en el misterio divino de la creación y de la redención movidos por el Espíritu Santo, que vivifica al pueblo de Dios e impulsa a todo los hombres a amar a Dios  Padre y al mundo y a los hombres en Él. Esta formación debe considerarse como fundamento y condición de todo apostolado fecundo” Decreto del Apostolado de los Laicos, Apostolicam Actuositatem del Vaticano II. AA 29

El mayor anhelo es que la formación alcance la maduración humana, espiritual y social en todos los laicos comprometidos y que las parroquias lleguen a ser verdaderas Escuelas de comunión y participación.

Nota. Se les recuerda a tod@s l@s Catequistas que vayan preparando su corazón y animo  y l@s invitamos a intensificar su oración por la próxima Asamblea Diocesana a realizarse el 18 y 19 de Noviembre.

Equipo DIDIPAC
En Periódico Redes Año 10-248-2013/02

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