lunes, 9 de diciembre de 2013

Identidad Cristiana - Ser Discípulo.

Queridos Catequistas:
     Reciban un cordial saludo, deseando que este tiempo de Adviento sea una oportunidad bien aprovechada por cada uno de nosotros para prepararnos dignamente como hijos de Dios a la Celebración del gran acontecimiento del Nacimiento de Jesús, Dios con nosotros, buena noticia de alegría, esperanza  y salvación.
    Recordemos que hemos estado reflexionando en las dimensiones de la formación del catequista, en base a la Guía de Formación para los Catequistas de México (GFCM).

Continuamos mencionando que otro aspecto de la dimensión humana es: 

LA IDENTIDAD CRISTIANA: SER DISCÍPULO

     ¿Qué significa ser discípulo de Jesús?  
Ser discípulo de Jesús es aceptar su invitación para estar con Él, dejarse amar y dejarse formar, aprendiendo de Él, para caminar en su seguimiento: “Jesús llamó a los que Él quiso para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar…” Mc 3, 15-16.
     Esto significa que los catequistas aceptamos a Jesús, nos acercamos a Él, nos dejamos mirar y cautivar por Él, escuchamos su Palabra y respondemos a su Amor siguiendo su camino, sus enseñanzas. 


     Nos dice el documento de Aparecida: “La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre (cf. Jn 10, 3). Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6). Es una respuesta de amor a quien lo amó primero “hasta el extremo” (cf. Jn 13, 1). En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: “Te seguiré adondequiera que vayas” (Lc 9, 57). 
     Esta experiencia de encuentro con Jesús es la que anima e impulsa nuestra vida, dándole el verdadero sentido. Una vez enamorados de Él, anhelamos y trabajamos para que sea conocido y amado por los demás: “El discípulo, en la medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios” (DA 278).
     Es preciso ir con figurándonos con Jesús. Esto se va logrando con la gracia de Dios, que supone nuestra colaboración, participando en la formación de manera continua.
     A través de la formación, nuestra fe ha de ir creciendo y madurando, hasta llegar a ser creyentes adultos, con capacidad de discernimiento, juicio crítico, creatividad, unidad interior y coherencia de vida (Cfr. DGC 239).
Es indispensable alimentar nuestra espiritualidad con la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, la oración constante y la vivencia gozosa del discípulo, sabiéndonos y comportándonos como hermanos, de modo que nuestra catequesis brote del testimonio de nuestra vida. Pues sólo podemos anunciar a “Aquel” que conocemos profundamente.
     ¡Qué mejor manera de iniciar el Año Nuevo decididos a ser discípulos de Jesús! Esto marcará el rumbo de nuestra vida y nos ayudará a dar el fruto que el Señor espera de nosotros en la familia y en la comunidad.
     ¡Ánimo, Catequistas!  La propuesta del Señor Jesús es fascinante, a la vez que comprometedora, ¡vale la pena!  
    Que su Espíritu Santo nos ayude a dejarnos conducir por Él, permitiendo que nos forme y nos transforme, de acuerdo a la voluntad del Padre.

Equipo DIDIPAC

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