lunes, 25 de enero de 2016

LOS CATEQUISTAS Y LOS DERECHOS HUMANOS

SI LOS CATEQUISTAS QUIEREN SEGUIR A JESÚS, SÓLO PODRÁN HACERLO SI ENTRAN A LA ESCUELA DE LOS DERECHOS HUMANOS TAL Y COMO ÉL LOS PRACTICÓ Y LOS ENSEÑÓ.

     Un saludo especial a cada catequista, que a través de este medio cultiva su formación como agente evangelizador, para seguir siendo un mejor testigo de Jesús en su realidad concreta.

LOS DERECHOS HUMANOS SON LOS MISMOS DERECHOS DE JESÚS,
QUE EL CATEQUISTA DEFIENDE A COMO DE LUGAR.
(Padre Francisco Merlos Arrollo)

¿Enseñó Jesús una doctrina sobre los derechos humanos? No tenemos en los Evangelios una doctrina especial y bien organizada sobre el tema. Jesús no nos dio lecciones magistrales sobre el asunto, ni habló frecuentemente sobre la necesidad de respetar los derechos de las personas. 
Pero mirando bien su mensaje, su comportamiento y toda su vida descubre de inmediato que la defensa de los humanos fue una de sus más grandes preocupaciones y una de sus más importantes tareas. Defender el valor sagrado de todas las personas, especialmente de las más lastimadas por algún tipo de injusticia o de sufrimiento, fue precisamente su mayor compromiso. Uno de los principales pilares de su ministerio pastoral fue justamente devolver la dignidad a todo ser humano, incluso corriendo riesgos y peligros por parte del poder político o religioso de su tiempo.  

Su vida entera fue la mejor demostración de su mensaje sobre los derechos humanos de todo hombre y de toda mujer. Su doctrina se convierte en práctica y su práctica se transforma en doctrina.  Es curioso comprobar cómo la mayoría de los conflictos de Jesús con sus enemigos, con la ley, con las tradiciones o con las autoridades corruptas, tuvieron como causa principal la defensa y la dignidad de la persona. La persona es más grande que la ley (Lc 13,10-17). 

Hay una página extraordinaria en el Evangelio de san Mateo 25, 31-46, puede leerse teniendo en mente los derechos del hombre. Se conoce como el discurso del juicio final (escatológico). Para Jesús el Reino de Dios está íntimamente ligado desde ahora y para siempre con el estricto respeto a los derechos de todos los seres humanos. “Tuve hambre, tuve sed, no tuve casa, estaba desnudo, estuve enfermo, en la cárcel…” y ustedes me tendieron la mano. Todos son derechos humanos.

Jesús sólo pone unos cuantos ejemplos de derechos humanos en su discurso. Pero bien podemos añadir muchos otros, por ejemplo, no tuve trabajo, fui un perseguido, no me dejaron tener una familia, me deportaron, me torturaron, fui un emigrante, no me pagaban el salario justo, fui un anciano abandonado, no tuve seguridad social, fui homosexual, fui divorciado vuelto a casar, me hice madre soltera, me robaron la honra y mucho más… Y la respuesta habría sido la misma: ustedes se atrevieron a luchar por el respeto a la dignidad. 

Recordemos cómo respeta Jesús los derechos humanos de Zaqueo (Lc 19,1-9); y los de la mujer samaritana (Jn 4, 1-43); y los de la mujer adúltera (Jn 8, 1-11); y los del hombre endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-20) y los de todos aquellos que tienen la fortuna de encontrarse con Él, incluidos los niños (Mc 10,13-16). Recordemos también la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37).

El seguimiento de Cristo consiste precisamente en actuar con los mismos criterios de Jesús, defendiendo los mismos valores que Él defendió y viviendo sus mismas reglas. Si los catequistas quieren seguir a Jesús sólo podrán hacerlo si entran a la escuela de los derechos humanos tal y como Él los practicó y los enseñó. 

En el Credo de la Iglesia decimos “por nosotros los hombres bajó del cielo… se encarnó de María Virgen y se hizo hombre…” Así hizo suyos los derechos de todo hombre y de toda mujer. Desde entonces defender o violar los derechos de una persona es lo mismo que defender o violar los derechos del mismo Dios”. 

En este tiempo de adviento y más aún en este año dedicado a la misericordia, hagamos nuestro el proyecto de Jesús, actuando como Él actuó, teniendo en cuenta a cada persona y sus necesidades y velando en la medida de nuestras posibilidades por su dignidad de hijos de Dios. 

(Fuente: “Manual para el catequista actual. Un camino para ser persona, profeta y servidor”.  Pbro. Francisco Merlos Arrollo. Ed. Nueva Palabra, 2015).

EQUIPO DIDIPAC.

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