jueves, 19 de febrero de 2015

LA PEDAGOGÍA DE LA ESCUCHA.

"Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni mi me volví atrás"  (Is. 50, 4b-5)
     Queridas Catequistas y  demás lectores,  seguimos compartiendo con ustedes las reflexiones que,  el ahora Papa Francisco dirigió a los catequistas en su antigua Diócesis de Argentina, en esta ocasión nos habla sobre la  importancia de la escucha en nuestro ministerio como catequistas.
     Para poder profundizar sobre este tema es importante que primero nos preguntemos: ¿Hay alguien que sepa lo que realmente deseamos? ¿Cuándo hemos compartido nuestra penas y alegrías, nos hemos sentido escuchados? Es importante tener la experiencia de haber sido escuchados para que surja en nosotros el deseo de saber escuchar a los demás.
     El catequista debe ser experto en la escucha, el texto de Isaías nos dice que lo primero que Dios desea de nosotros, es que sepamos escuchar, pero este no es un acto voluntarioso, no surge todo de nosotros,  sino que es Él quien despierta nuestro oído, es decir que Él es quien despierta en nosotros ese deseo, y lo que nos corresponde es favorecer la actitud que enseguida nos marca el profeta, no resistirse, es el momento de disponer la voluntad y alejarse de otros ruidos que nos dificulten la escucharlo.
     El Papa Francisco nos dice al respecto: “Jesús nuestro Maestro  enseñaba con autoridad. Claro que no con una autoridad  como muchas veces la concibe el mundo, más cerca a la elocuencia, al poder o a los títulos ilustrados, sino con aquella autoridad que producía el asombro y la admiración de las personas sencillas. Autoridad y sabiduría que nada tienen de esa ilustración que engorda y ensimisma, sino  del sentido que “nutre y hace crecer”. Este llamado como catequista a acompañar, a conducir a las aguas tranquilas, para que el encuentro se haga fuerte, fiesta, abrigo.
     Para eso se te exigirá que sepas escuchar y enseñes a escuchar,  tal como lo hizo Jesús. Y no simplemente como una actitud que facilita el encuentro entre las personas sino, fundamentalmente, como un elemento esencial del mensaje revelado. En efecto, toda la Biblia se ve atravesada por una invitación recurrente: ¡Escucha!.
     Por ello será parte de tu ministerio de catequista no solo saber escuchar y ayudar a aprender a escuchar, sino principalmente mostrar a Dios que sabe y quiere escuchar. Nuestro Padre del cielo escucha el rumor de nuestros pasos, la oración que vamos musitando en nuestro corazón a medida que nos acercamos. Nuestro Padre escucha los sentimientos que nos conmueven  al recordar a nuestros seres queridos, al ver la fe de  otros y sus necesidades, al acordarnos de cosas lindas y cosas tristes… Dios escucha.
     En no es como los ídolos, que tiene oídos  pero no escuchan. No es como los poderosos que escuchan lo que les conviene. El escucha todo. También las quejas y los enojos de sus hijos. Y no solo escucha sino que  ama escuchar. Ama estar atento, oír bien, oír todo lo que nos pasa.
     Aprender a escuchar nos permitirá dar el primer paso para que en nuestras comunidades,  se haga realidad la tan anhelada  acogida  cordial. Quien escucha sana y recrea los vínculos personales, tantas veces lastimados, con el simple bálsamo de reconocer al otro como importante y con algo para decirme. La escucha primerea  el dialogo y hace posible el milagro de la empatía que vence distancias y resquemores.
Esta actitud nos librará de algunos peligros que puede hipotecar nuestro estilo pastoral. El de atrincherarnos como iglesia, edificando muros que nos impiden ver el horizonte.  El peligro de ser iglesia autorreferencial que acecha todas las encrucijadas de la historia y es capaz de  acabar  con las mejores iniciativas pastorales.  El peligro de empobrecer la catequesis concibiéndola como una mera enseñanza o un simple adoctrinamiento con conceptos fríos y distantes en el tiempo.
La actitud de la escucha nos ayudará a no traicionar la frescura y fuerza del anuncio kerigmático con meros conceptos morales, que más que la novedad del "camino" se transforma en fango que ciega y empantana. Necesitamos ejercitarnos en el escuchar… para que nuestra acción evangelizadora se enraíce en el ámbito de la interioridad donde se gesta el verdadero catequista que, más allá de sus actividades sabe hacer de su ministerio, diaconía del acompañamiento.”
Queridos catequistas desarrollar esta actitud nos reta a concebir nuestro ministerio de una manera más amplia y a ser catequistas de tiempo completo: en casa, en la calle, en el trabajo, en la parroquia… que el sentirnos escuchados y amados por Dios nos mueva a  la generosidad en la respuesta dedicando nuestro tiempo para escuchar a quienes más lo necesitan.
Equipo DIDIPAC

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

IVOOX AUDIOS PARA ESCUCHAR Y DESCARGAR