viernes, 13 de marzo de 2015

CAMINAR COMO PUEBLO

     Queridos catequistas y demás lectores, los saludamos deseando que esta cuaresma seamos capaces de poner nuestra mirada en la mirada misericordiosa de Dios, y tengamos la valentía de volvernos a Él con una vida más de acuerdo a su voluntad.
     Continuamos con la reflexión de las cartas del Papa Francisco dirigidas a los catequistas de su antigua Diócesis en Argentina y que se han recopilado en el libro “Queridos Catequistas”.
     En esta ocasión nos invita a hacernos consientes de la realidad que vive el pueblo de Dios y a responder a ella con audacia y fervor, nos dice: “la audacia y fervor es obra del Espíritu Santo, y nos lleva a anunciar, a gritar a Jesucristo con toda nuestra vida. Es necesario mucha audacia y valentía para seguir caminando en medio de tanta perplejidad. Sabemos que existe la tentación de quedarnos atrapados por el miedo paralizador que a veces se maquilla  de repliegue y cálculo realista y, en otros casos, de rutina. Pero siempre  esconde la vocación cobarde y conformista de una cultura minimista acostumbrada solo a la seguridad de andar en la orilla. ¡Audacia apostólica implicará búsqueda, creatividad, navegar mar adentro!
     En esta espiritualidad del camino también es grande la tentación de traicionar el llamado a marchar como pueblo, renunciando al mandato de la peregrinación para correr alocadamente la maratón del éxito. De esta manera hipotecamos nuestro estilo, sumándonos a la cultura de la exclusión, en la que ya no hay lugar para el anciano, el niño molesta, no hay tiempo para detenerse al borde del camino. La tentación es grande, sobre todo porque se apoya en los nuevos dogmas modernos como la eficiencia y el pragmatismo (pensamiento que valora sobre todo la utilidad el valor práctico de las cosas). Por ello hace falta mucha audacia para ir contra la corriente, para no renunciar a la utopía  posible de que sea precisamente inclusión la que marque el estilo y ritmo de nuestro paso.
     Caminar como pueblo siempre es más lento. Además nadie ignora que el camino es largo y difícil. Como en aquella experiencia fundante del pueblo de Dios por el desierto, no  faltará el cansancio y el desconcierto. A todos nos ha sucedido alguna vez encontrarnos detenidos y desorientados en el camino, sin saber qué pasos dar.
     La realidad muchas veces se nos impone clausurada, sin esperanza, dudamos como el pueblo de Israel, de las promesas y presencia del Señor de la historia y nos dejamos envolver por la mentalidad positivista que pretende constituirse en clave interpretativa de la realidad.
     Renunciamos a nuestra vocación de hacer historia, para sumarnos al coro nostálgico de quejas y reproches.
     “Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto. ¡Déjanos tranquilos! ¡Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto!” (Ex. 14,12)
     El fervor apostólico nos ayudará a tener memoria, a no renunciar a la libertad, a caminar como pueblo de la alianza.
     “No olvides al Señor que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud” (Dt. 6,12).
     Como catequistas de tiempos difíciles, ¡Deben pedir a Dios la audacia y fervor que les permita recordar! En la memoria transmitida y celebrada encontraremos como pueblo la fuerza necesaria para no caer en miedo que paliza y angustia.
     Queridos hermanos, este  mensaje del Papa es muy propio para retomarlo en este tiempo de cuaresma y revisar muestra vida cristiana  preguntándonos ¿Cómo estamos? ¿Cómo anda nuestro fervor? ¿Hemos caído en la rutina? ¿Se ha desgastado nuestro deseo de servirlo?¿De caminar al lado de nuestros hermanos?.
     Y como dice el Papa pedir a Dios la gracia de la audacia, de dejarnos mover por su Espíritu que todo lo renueva y recomenzar con nuevos ánimos, resucitando con nuestro Señor.
Rezamos para que así sea.
Equipo DIDIPAC

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