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jueves, 13 de marzo de 2014

Disposiciones Diocesanas para el Sacramento de la Eucaristia

Queridos catequistas:
En el numero pasado comentamos la presentación que hace el Señor Obispo Don Benjamín Castillo a las Disposiciones Diocesanas, esperando que les haya motivado a leerla toda completa, en ella refleja su pensamiento de lo que debe ser  la  preparación  y la vivencia de los Sacramentos en la Diócesis.
En esta ocasión comentaremos sobre la Preparación al Sacramento  de la Eucaristía, como ya lo hemos dicho en otras ocasiones en este mismo espacio, la preparación a este sacramento se entiende solamente dentro de un proceso que inicia a los cuatro años con el conocimiento por parte del niño de Dios como Padre que nos ha creado y ha creado todas las cosas por amor a nosotros porque quiere que vivamos felices y no nos falte lo necesario.
A los 7 años el niño pasa a una segunda etapa de preparación con el conocimiento de la persona de Dios Hijo, esta etapa dura tres años y culmina con la participación del niño en la Eucaristía entre los 9 y 10 años de edad. Nos debe quedar claro que terminar una etapa no quiere decir que el niño ha terminado su preparación, como tampoco podemos pensar que al terminar la primaria es todo lo que el niño tiene que aprender,  el proceso continúa con otra etapa de tres años, que culmina con la recepción del Sacramento de la Confirmación, para luego continuar con una cuarta para ayudar al niño a vivir desde la fe la adolescencia, luego en los grupos juveniles, etc. 
Las disposiciones en el apartado de consideraciones actuales nos habla de la problemática que vivimos en la diócesis en torno a este sacramento  una de ellas es que se recibe la preparación a la primera comunión desconectada de un proceso, se sigue ofreciendo una formación memorística, fragmentaria y sin proyección, que en lugar de beneficiar a la persona, se le quita la posibilidad de ser un buen cristiano y se daña también  a la misma Iglesia. ( Cfr. No. 62 y 63). Esto trae como consecuencia  que la recepción de este sacramento no se nota en la vida y en el testimonio de quien lo recibe,  en la mayoría de los casos tampoco se integran a la vida de la comunidad. (Cfr. No. 65).
Desafortunadamente quien contrajo el compromiso ante Dios de educar en la fe a los niños, es decir los padres de familia, no son conscientes de ello y como dicen las disposiciones en el No. 66 “Aún prevalece en la mentalidad de los fieles que recibir la primera  Eucaristía es parte de una costumbre o se realiza para salir del paso en un compromiso de tipo social”.
Con respecto a los ordenamientos Diocesanos solo haremos mención de algunos, pues es demasiado denso para tratarlo todo en este articulo.
La edad para recibir este sacramento  será a partir de los nueve años, (cfr. No. 74). Como hemos dicho  arriba  si  el niño   está llevando el proceso, esta será la edad en la que estará terminando esta etapa.
En cuanto a lo que hay que tomar en cuenta para su preparación es: “Conocimiento de los fundamentos de la fe, la participación en las celebraciones litúrgicas, la formación en las actitudes o virtudes cristianas y el aprendizaje o la experiencia de la oración, de tal manera que todo esto lleve a los niños a tener una auténtica vida de comunión” (Cfr. No. 78).
“Los contenidos de la formación no se pueden limitar a la catequesis pre-sacramental de la Eucaristía, sino que debe ser parte de un proceso que ayude al catequizando a completar adecuadamente su iniciación cristina y a impulsarlo en la necesidad de una catequesis permanente ya que  al terminar  esta preparación a la primera comunión el cristiano entra plenamente a formar  parte de la comunidad de fe”. (No. 79).
Se pide también involucrar a los papás y padrinos en la educación cristiana de los niños, puesto que son ellos los principales transmisores de la fe a sus hijos.
Esperando que estas pequeñas capsulas los lleve a leer a mayor profundidad las “Disposiciones Diocesanas”  nos vemos en la próxima con mas…
Equipo DIDIPAC

miércoles, 12 de febrero de 2014

Que los niños se preparen bien para la Primera Comunión, Papa Francisco.

PAPA FRANCISCO: AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro, Miércoles 5 de febrero de 2014
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

   Hoy os hablaré de la Eucaristía. La Eucaristía se sitúa en el corazón de la «iniciación cristiana», juntamente con el Bautismo y la Confirmación, y constituye la fuente de la vida misma de la Iglesia. De este sacramento del amor, en efecto, brota todo auténtico camino de fe, de comunión y de testimonio...                                                              Ver Documento oficial aquí
   Lo que vemos cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía, la misa, nos hace ya intuir lo que estamos por vivir. En el centro del espacio destinado a la celebración se encuentra el altar, que es una mesa, cubierta por un mantel, y esto nos hace pensar en un banquete. Sobre la mesa hay una cruz, que indica que sobre ese altar se ofrece el sacrificio de Cristo: es Él el alimento espiritual que allí se recibe, bajo los signos del pan y del vino. Junto a la mesa está el ambón, es decir, el lugar desde el que se proclama la Palabra de Dios: y esto indica que allí se reúnen para escuchar al Señor que habla mediante las Sagradas Escrituras, y, por lo tanto, el alimento que se recibe es también su Palabra.
   Palabra y pan en la misa se convierten en una sola cosa, como en la Última Cena, cuando todas las palabras de Jesús, todos los signos que realizó, se condensaron en el gesto de partir el pan y ofrecer el cáliz, anticipo del sacrificio de la cruz, y en aquellas palabras: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo... Tomad, bebed, ésta es mi sangre».
   El gesto de Jesús realizado en la Última Cena es la gran acción de gracias al Padre por su amor, por su misericordia. «Acción de gracias» en griego se dice «eucaristía». Y por ello el sacramento se llama Eucaristía: es la suprema acción de gracias al Padre, que nos ha amado tanto que nos dio a su Hijo por amor. He aquí por qué el término Eucaristía resume todo ese gesto, que es gesto de Dios y del hombre juntamente, gesto de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
   Por lo tanto, la celebración eucarística es mucho más que un simple banquete: es precisamente el memorial de la Pascua de Jesús, el misterio central de la salvación. «Memorial» no significa sólo un recuerdo, un simple recuerdo, sino que quiere decir que cada vez que celebramos este sacramento participamos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Eucaristía constituye la cumbre de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, vuelca, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, de tal modo que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos. Es por ello que comúnmente, cuando nos acercamos a este sacramento, decimos «recibir la Comunión», «comulgar»: esto significa que en el poder del Espíritu Santo, la participación en la mesa eucarística nos conforma de modo único y profundo a Cristo, haciéndonos pregustar ya ahora la plena comunión con el Padre que caracterizará el banquete celestial, donde con todos los santos tendremos la alegría de contemplar a Dios cara a cara.
   Queridos amigos, no agradeceremos nunca bastante al Señor por el don que nos ha hecho con la Eucaristía. Es un don tan grande y, por ello, es tan importante ir a misa el domingo. Ir a misa no sólo para rezar, sino para recibir la Comunión, este pan que es el cuerpo de Jesucristo que nos salva, nos perdona, nos une al Padre. ¡Es hermoso hacer esto! Y todos los domingos vamos a misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor. Por ello el domingo es tan importante para nosotros. Y con la Eucaristía sentimos precisamente esta pertenencia a la Iglesia, al Pueblo de Dios, al Cuerpo de Dios, a Jesucristo. No acabaremos nunca de entender todo su valor y riqueza. Pidámosle, entonces, que este sacramento siga manteniendo viva su presencia en la Iglesia y que plasme nuestras comunidades en la caridad y en la comunión, según el corazón del Padre. Y esto se hace durante toda la vida, pero se comienza a hacerlo el día de la primera Comunión. Es importante que los niños se preparen bien para la primera Comunión y que cada niño la reciba, porque es el primer paso de esta pertenencia fuerte a Jesucristo, después del Bautismo y la Confirmación.
   Saludos: Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina y otros países latinoamericanos. Pidamos que la celebración de la Eucaristía mantenga siempre viva a la Iglesia, y haga que nuestras comunidades se distingan por la caridad y la comunión. Muchas gracias.

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