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lunes, 15 de mayo de 2017

DÍA DEL CATEQUISTA 2017

Domingo 28 de Mayo
FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
DÍA DEL CATEQUISTA EN LA DIÓCESIS DE CELAYA

Con gran alegría les recordamos que el Señor Obispo don Benjamín Castillo Plascencia, a tenido a bien instituir el día del catequista en la Diócesis de Celaya en la fiesta de la Ascensión del Señor.

La finalidad es que se promueva en la comunidad, no solo al catequista, sino también toda la labor que éste realiza en bien de todo el pueblo de Dios.

Invitamos a todos los sacerdotes a tenerlos presentes en la Eucaristía de este día, y orar por sus necesidades, personales y familiares, así como a agradecer la labor que realizan desinteresadamente en bien de la comunidad.

También invitamos a Padres de familia, niños y comunidad católica en general a colaborar con ellos en su labor, como un modo de agradecer todo el bien que hacen.

La comunidad responsable de la catequesis
En la práctica de nuestra Iglesia católica, hemos entregado toda la responsabilidad  de educar en la fe, a la persona que da el servicio como catequistas, sintiéndonos ajenos a la tarea que se realiza, por lo que se ve la necesidad de reflexionar en el papel de todos los que formamos la comunidad, para que cada uno asumamos la parte que nos corresponde y así seamos mejores discípulos y misioneros de nuestro Señor Jesucristo. 

Para ello retomamos los números, 219-221, del Directorio General para la Catequesis DGC, donde nos indica el papel de la comunidad como educadora en la fe de sus miembros, al respecto nos dice lo siguiente:

En el conjunto de ministerios y servicios, con los que la Iglesia particular realiza su misión evangelizadora, ocupa un lugar destacado el ministerio de la catequesis. En él cabe señalar los rasgos siguientes:

a) En la Diócesis la catequesis es un servicio único, realizado de modo conjunto por presbíteros, diáconos, religiosos y laicos, en comunión con el obispo. Toda la comunidad cristiana debe sentirse responsable de este servicio…
b) Se trata, por otra parte,  de un servicio eclesial, indispensable para el crecimiento de la Iglesia. No es una acción que pueda realizarse en la comunidad a título privado o por iniciativa puramente personal. Se actúa en nombre de la Iglesia, en virtud de la misión confiada por ella.
c) El ministerio catequético tiene, en el conjunto de los ministerios y servicios eclesiales, un carácter propio, que deriva de la especificidad de la acción catequética dentro del proceso de la evangelización. La tarea del catequista, como educador de la fe, difiere de la de otros agentes de la pastoral (litúrgica, caritativa, social...) aunque, obviamente, ha de actuar en coordinación con ellos. DGC 219

La catequesis es una responsabilidad de toda la comunidad cristiana. La iniciación cristiana, en efecto, «no deben procurarla solamente los catequistas o los sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles». La misma educación permanente de la fe es un asunto que atañe a toda la comunidad. La catequesis es, por tanto, una acción educativa realizada a partir de la responsabilidad peculiar de cada miembro de la comunidad, en un contexto o clima comunitario rico en relaciones, para que los catecúmenos y catequizandos se incorporen activamente a la vida de dicha comunidad.

De hecho, la comunidad cristiana sigue el desarrollo de los procesos catequéticos, ya sea con niños, con jóvenes o con adultos, como un hecho que le concierne y compromete directamente. Más aún, la comunidad cristiana al final del proceso catequético acoge a los catequizados en un ambiente fraterno «donde puedan vivir, con la mayor plenitud posible, lo que han aprendido». DGC 220

Pero la comunidad cristiana no sólo da mucho al grupo de los catequizandos, sino que también recibe mucho de él. Los nuevos convertidos, sobre todo los jóvenes y adultos, al convertirse a Jesucristo, aportan a la comunidad que los acoge una nueva riqueza humana y religiosa. Así, la comunidad crece y se desarrolla, ya que la catequesis no sólo conduce a la madurez de la fe a los catequizandos, sino a la madurez de la misma comunidad como tal.

Aunque toda la comunidad cristiana es responsable de la catequesis, y aunque todos sus miembros han de dar testimonio de la fe, no todos reciben la misión de ser catequistas. Junto a la misión originaria que tienen los padres respecto a sus hijos, la Iglesia confía oficialmente a determinados miembros del Pueblo de Dios, especialmente llamados, la delicada tarea de transmitir orgánicamente la fe en el seno de la comunidad. DGC 221

¡¡¡Felicidades a todos los catequistas en su día!!!

miércoles, 3 de mayo de 2017

DISCÍPULOS DE EMAUS


Los dos discípulos de Emaús “somos nosotros”, dice el Papa, “con tantas dudas”, “tantos pecados”, que tantas veces “queremos alejarnos de la Cruz, de las pruebas” pero “hacemos espacio para escuchar a Jesús que nos templa el corazón”. Al otro grupo, a aquellos que están “encerrados en la rigidez de la ley”, que no quieren escuchar, Jesús – recuerda el Papa – ha hablado tanto, diciendo cosas “más feas” de aquellas dichas por Esteban. Y Francisco concluye haciendo referencia al episodio de la adultera que era una pecadora. “Cada uno de nosotros – subraya – entra en un diálogo entre Jesús y la víctima de los corazones de piedra: la adúltera”. A quienes querían lapidarla, Jesús responde solamente: “Mírense ustedes adentro”:

“Y hoy miramos esta ternura de Jesús: el testigo de la obediencia, el Gran Testigo, Jesús, que ha dado la vida, nos hace ver la ternura de Dios con respecto a nosotros, a nuestros pecados, a nuestras debilidades. Entremos en este diálogo y pidamos la gracia de que el Señor enternezca un poco el corazón de estos rígidos, de aquella gente que está encerrada siempre en la Ley y condena todo aquello que está fuera de la Ley. No saben que el Verbo vino en carne, que el Verbo es testigo de obediencia, no saben que la ternura de Dios es capaz de mover un corazón de piedra y poner en su lugar un corazón de carne”.

jueves, 6 de abril de 2017

AMORIS LAETITIA

El Papa Francisco ha escrito una carta para ayudar a las familias en la preparación del Encuentro Mundial de las Familias que se celebrará en agosto de 2018 en Dublín, Irlanda.
En ella, el Pontífice escribe que "el amor de Dios es su 'sí' a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre. Es el 'sí' de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases".
"Sueño con una Iglesia en salida, no autorreferente, una Iglesia que no pase lejos de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón de la revelación de Dios Amor que es la Misericordia", dice Francisco.
A continuación, el texto completo de la Carta del Papa Francisco:
Al Venerado Hermano el cardenal KEVIN FARRELL
Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida
Al final del VIII Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Filadelfia en septiembre de 2015, anuncié que el encuentro sucesivo con las familias católicas de todo el mundo tendría lugar en Dublín. Ahora, con el deseo de comenzar su preparación, me complazco en confirmar que se desarrollará del 21 al 26 de agosto de 2018, sobre el tema: “El Evangelio de la familia: alegría para mundo”. Y con respecto a este tema y a su desarrollo quisiera ofrecer algunas indicaciones más precisas. Deseo, efectivamente, que las familias puedan profundizar en la reflexión y la condivisión de los contenidos de la Exhortación Apostólica postsinodal Amoris Laetitia
Nos podríamos preguntar: ¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? Y también: ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy?
¡Yo estoy seguro de que sí! Y este “sí” está firmemente fundado en el plan de Dios. El amor de Dios es su “sí” a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre. Es el “sí” de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases; es el “sí” y el compromiso de Dios con una humanidad a menudo herida, maltratada y dominada por la falta de amor. La familia, por lo tanto, es el “sí” del Dios Amor. Solamente partiendo del amor la familia puede manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos.
Quiero hacer hincapié en la importancia de que las familias se pregunten a menudo si viven partiendo del amor, por el amor y en el amor. Esto significa concretamente darse, perdonarse, no perder la paciencia, anticiparse al otro, respetarse. ¡Cómo mejoraría la vida familiar si cada día se vivieran las tres sencillas palabras “permiso”, “gracias”, “lo siento”! Todos los días experimentamos la fragilidad y la debilidad, y por eso todos nosotros, familias y pastores, necesitamos una humildad renovada que plasme el deseo de formarnos, de educarnos y de ser educados, de ayudar y de ser ayudados, de acompañar, discernir e integrar a todos los hombres de buena voluntad.
Sueño con una Iglesia en salida, no autorreferente, una Iglesia que no pase lejos de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón de la revelación de Dios Amor que es la Misericordia. Es la misma misericordia que nos hace nuevos en el amor; y sabemos cuanto las familias cristianas sean lugares de misericordia y testigos de misericordia; después del Jubileo extraordinario lo serán todavía más, y el Encuentro de Dublín podrá dar señales concretas.
Invito, pues, a toda la Iglesia a recordar estas indicaciones en la preparación pastoral para el próximo Encuentro Mundial.
Ante Usted, querido Hermano, junto con sus colaboradores, se presenta la tarea de conjugar de una forma especial la enseñanza de Amoris Laetitia, con la cual la Iglesia desea que las familias estén siempre en camino, en esa peregrinación interior que es una manifestación de vida auténtica
Mi pensamiento se dirige de manera especial a la archidiócesis de Dublín y a toda la querida Nación irlandesa, por la generosa hospitalidad y el esfuerzo que implica organizar un evento de esta magnitud. ¡Que el Señor os recompense a partir de ahora, concediéndoos en abundancia favores celestes!
La Sagrada Familia de Nazaret guíe, acompañe y bendiga vuestro servicio y a todas las familias involucradas en la preparación del gran Encuentro Mundial de Dublín.
Desde el Vaticano, 25 de marzo de 2017

domingo, 11 de diciembre de 2016

EL CATEQUISTA TIENE AUTORIDAD, PERO NO ES UN AUTORITARIO.


1. La convivencia humana y la vida comunitaria se viven dentro de una tensión entre la ley que obliga a todos  y la libertad que todos tienen. La autoridad y la obediencia, la ley y la libertad, mandar y obedecer parece que son fuerzas que se oponen. En realidad, son dos formas de vivir y reconocer valores que necesitan las personas para encontrar su equilibrio.


2. Hay quien piensa que la autoridad es el centro de todo. Cuando la tiene la practica con dureza, haciendo a las demás víctimas de su autoritarismo. Hay también quien considera que la obediencia es la actitud más importante del creyente y la vive de tal forma que no se atreve a dar un paso sin consultar a la autoridad, descargando en ella su responsabilidad personal.

3. En la vida encontramos muchas personas arrogantes y prepotentes y muchas otras sumisas y obedientes. Unas que creen que nacieron sólo para mandar y otras que piensan que nacieron sólo para obedecer. Unas y otras no saben valorarse a sí mismas.

4. Ciertamente se necesita a alguien quien mande y alguien que obedezca. Hasta allí no hay problema. El problema comienza cuando uno se pregunta ¿Cómo mandar y cómo obedecer? Porque los grupos humanos, las comunidades, la Iglesia, la sociedad, saben perfectamente que, sin reglas, sin autoridad y obediencia. Muchas cosas no funcionarían; sería el desorden completo, la desorganización y el caos. Cada quien haría lo que le da la gana.

5. Es bueno que el catequista sepa qué clase de autoridad tiene y qué clase de obediencia debe vivir o esperar de los demás. Cuando uno ve a Jesús se da cuenta que su autoridad se basa en 4 cosas principales: la solidaridad con los hermanos, la integridad de su vida, el servicio a los demás y la obediencia a la voluntad del Padre. Los pilares son, por tanto, la cercanía con la gente, la verdad que lleva en su persona, la entrega a los demás y la obediencia al camino que el Padre le ha trazado para cumplir su misión. Eso significa que Jesús tiene autoridad, porque sabe obedecer; convence a la gente, porque su vida habla por Él y espera respuesta, porque El mismo sabe responderle a Dios y a las personas.

6. El catequista tendría que aprender de Jesús la misma clase de autoridad y de obediencia que Él vivió, sino quiere sentirse vacío y débil ante la comunidad. Si alguna autoridad y alguna fuerza tiene ante a gente será por las mismas razones que tuvo Jesús:

• Sabe estar cerca de su pueblo, compartiendo luchas, dolores, gozos, fracasos, ilusiones. Se juega la vida con el pueblo, porque sabe que esa autoridad es vía segura para conseguir la autoridad.
• Su persona es de una sola pieza, es transparente, es recta; no miente, ni manipula, ni engaña, ni presenta una cosa que no es. Es un amigo leal de la verdad.
• Es capaz de entregar a la gente lo mejor de sus talentos, de su tiempo, de sus riquezas personales, sabiendo que esa entrega servicial es la prueba más grande del amor que hay en él.
• Es consciente de que también él es hijo de obediencia, es decir, por encima de él está el Evangelio, el Reino de Dios, el Espíritu a quienes debe someterse si de veras desea servir a la gente.

7. La autoridad y la obediencia son experiencias que frecuentemente vive la misma persona: dentro de la familia, en la sociedad, en la Iglesia, en la catequesis y prácticamente en todas partes; mandamos y obedecemos, como autoridad y como súbditos, dirigimos y somos dirigidos. Las dos cosas se necesitan. El catequista no puede ser de aquellos que solo les gusta mandar, pero nunca obedecer. O peor todavía; de aquellos que son muy sumisos con los de arriba, pero son muy duros con sus iguales.
¡Atrévete a cambiar si eres sumiso con los de arriba, pero muy duro con tus iguales!
Catequista, despierta. No tengas miedo de asumir tu compromiso con autoridad y obediencia. El equipo Didipac desea a todos a vivir con intensidad el acontecimiento Guadalupano Modelo Evangelizador que está cerca. Quien mejor ejemplo de catequista y evangelizadora en América Latina que:  Santa María de Guadalupe Estrella de la Evangelización, ella guía nuestros pasos y nos da luces y fortalezas en nuestra misión. 
ATTE: Equipo DIDIPAC

sábado, 15 de octubre de 2016

LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA EN LA CATEQUESIS.

La palabra en la vida de las personas tiene una importancia primordial, de ahí que la Sagrada Escritura nos dice que la Palabra es una espada de doble filo, que penetra hasta lo más profundo del alma… (Heb. 4,12).Continuando con la reflexión del Padre Merlos, veremos la importancia de la palabra en la catequesis.
“Hay muchas formas de hablar. Se habla para enseñar y para convencer, para informar y para orientar, para mostrar cariño y gratitud. Pero también se habla para engañar, para apantallar y manipular a los que escuchan. A veces se habla con miedo, con descaro y desvergüenza; se dicen cosas que deberían callarse y se callan las que deberían decirse. Algunos hablan solo para hacer ruido, pero también hay quien habla para entrar en dialogo con los demás. Hay quien abre la boca para mentir y quien usa la palabra para encontrase con la verdad. Unos hablan como sabios y otros como necios. Unos para mostrar su odio, otros para manifestar su amor.
En la actualidad tenemos muchos medios para comunicarnos (teléfono, radio, televisión, computadoras…) pero algunas veces solo sirven para convertir la palabra en basura. Ante esto podemos preguntarnos ¿Estará en crisis la palabra o más bien estará en crisis la persona que la usa?
Es cierto que muchas palabras son peligrosas y dañinas, pero la verdad es que el ser humano no puede vivir sin hablar. Dicen que cuando el escultor italiano Miguel Ángel terminó su famosa escultura de Moisés, le golpeo la frente y le dijo “habla”. La Palabra era lo único que le faltaba para ser humano.
A los catequistas se les considera como hombres y mujeres que usan la palabra para comunicar los dones de Dios. Su principal tarea consiste en pronunciar con sabiduría su palaba humana a través de las cual transmiten la Palabra de Dios. Tienen la experiencia de ver cómo su modesta palabra de criaturas se convierte en poderosa palabra de Dios, que cambia los corazones y transforma realidades. Este es el gran prodigio que pone a los hombres al nivel del Señor.
Al catequista le sucede exactamente lo mismo que al profeta Jeremías: “Ah Señor Dios, no sabré llevar tu Palabra, pues soy un muchacho…No digas soy un muchacho, replica el Señor, pues donde yo te mandé irás y lo que yo te ordene lo dirás… Entonces Dios extendió su mano, me tocó la boca y me dijo: he puesto mis palabras en tu boca. Te doy autoridad sobre pueblos y naciones para arrancar y derribar, para perder y destruir, para edificar y plantar… (Jer. 1,6-10). El gran peso del catequista es la palabra que  ha recibido en el corazón de su misión.”
La tarea de todo catequista es hacer resonar la Palabra que ha recibido y como esta Palabra le ha sido confiada, ha de tener en cuenta lo que dice San Pablo, “llevamos este tesoro en vasijas de barro”. (2 Cor.4,7) Es decir, tener el cuidado necesario para transmitirla siendo fieles a la Verdad.
Que Dios nos conceda a todos fidelidad a su Palabra para ser dignos transmisores.
Equipo DIDIPAC

martes, 27 de septiembre de 2016

SEPTIEMBRE MES DE LA BIBLIA


¿Porque le dedicamos el mes de septiembre a la Biblia? Los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a iniciar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia.
La Biblia, para todas las denominaciones cristianas, contiene la Revelación y es, como todo libro sagrado, la fuente del conocimiento y el compromiso de vida en lo referente a la fe.
Cada año, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, la Iglesia Ortodoxa e Iglesias Evangélicas celebrarán el Mes de la Biblia.
Cada comunidad celebrará el mes con énfasis de acuerdo a su historia y tradición.
La Iglesia Católica Romana recordando a San Jerónimo, (a quien conmemoramos el 30 de septiembre), traductor de la Vulgata, la Biblia en lengua latina; la Ortodoxa haciendo memoria que fue en idioma griego que se escribieron los Santos Evangelios y los demás libros del Nuevo Testamento y las Iglesias Evangélicas conmemorando la publicación, el 26 de septiembre de 1569, de la primera traducción de los Textos Bíblicos a la lengua española, traducción realizada por Casiodoro de Reina y conocida como la “Biblia del Oso” ya que en su portada estaba representado dicho animal.
Muy pocos saben que esta Biblia, pese a ser fruto del trabajo de un activo protestante contenía todos los textos propios de la Biblia Vulgata latina de San Jerónimo, mencionada al inicio, que es el texto oficial de la Biblia para toda la iglesia católica romana.
Algo de historia
La palabra Biblia se origina, a través del latín, en la expresión griega τα βιβλ?α τα ?για (ta biblía ta haguia; los libros sagrados), acuñada por vez primera en I Macabeos 12:9, siendo βιβλ?α plural de βιβλ?ον (biblíon, ´papiro´ o ´rollo´, usado también para ´libro´). Se cree que este nombre nació como diminutivo del .nombre de la ciudad de Biblos (Β?βλος), importante mercado de papiros de la antigüedad.
Esta frase fue empleada por los hebreos helenizados (aquellos que habitaban en ciudades de habla griega) mucho tiempo antes del nacimiento de Jesús de Nazaret para referirse al Tanaj o Antiguo Testamento. Muchos años después empezó a ser utilizada por los cristianos para referirse al conjunto de libros que forman el Antiguo Testamento así como los Evangelios y las cartas apostólicas, es decir, el Nuevo Testamento. Para ese entonces ya era común utilizar las dos primeras palabras de la frase, τα βιβλ?α, a manera de título.
Ya como título, y habiendo perdido el artículo τα, se empezó a utilizar en latín como biblia sacra (los libros sagrados) y de ahí fue transmitido a las demás lenguas.
La Biblia es una compilación de textos que en un principio eran documentos separados (llamados "libros"), escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un dilatado periodo de tiempo y después reunidos para formar el Tanaj (Antiguo Testamento para los cristianos) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí la Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 a. C. - 100 d. C.). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de los Jueces ("Canto de Débora") y en el Pentateuco, que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro completo más antiguo, el de Oseas es también de la misma época.
El canon católico romano de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado por primera vez en el Concilio de Hipona en el año 393 de nuestra era, por la Iglesia Católica. Dicho canon de 73 libros (46 pertenecientes al llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos -Tobías, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc- y 27 al Nuevo Testamento) fue confirmado en el Sínodo de Roma en el año 380, y ratificado en el Concilio de Cartago en el año 397, y luego nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.

miércoles, 31 de agosto de 2016

LA PRIORIDAD EN LA CATEQUESIS

     Con gran gusto les saludamos a todos ustedes catequistas y demás personas, reciban un abrazo de parte de todo el equipo DIDIPAC. 
Compartimos con ustedes la siguiente nota:
     En la vida siempre nos encontraremos en una situación donde hemos de elegir una cosa u otra, pero a la vez que elegimos, renunciamos. Lo más importante será en saber elegir las cosas que son necesarias, y no anteponer aquello que no se necesita. 
     Esto también sucede en el campo de la catequesis, pues es bien saber que hay cosas que son prioridad dentro de la catequesis, la misma catequesis debería ser siempre una prioridad, sin embargo una triste realidad es que muchas veces no es así, por ello es necesario seguir trabajando para que nuestras catequesis sean de calidad, con sentido de vida para la persona. 
Como catequista es necesario tomar muy en cuenta los siguientes elementos a la hora de hacer nuestras catequesis: 
     En primer lugar está la Palabra de Dios, en segundo lugar se encuentra el conocer la realidad de la persona, la realidad de la comunidad, en tercer lugar, están principalmente las personas que intervienen en la catequesis: comunidad, catequistas, catequizandos o interlocutores, en cuarto lugar, el mensaje que se comunica centrado en la persona de Jesús, y en la persona humana, en quinto lugar, los objetivos que pretenden alcanzar toda catequesis, en sexto lugar, la experiencia de Dios…en séptimo lugar, la conciencia de que la catequesis debe entenderse y practicarse como un llamado para el servicio a la Palabra, a las personas, al mundo, a la comunidad, al Señor, en octavo lugar, el testimonio de vida en que se apoya el catequista… en noveno lugar la pedagogía o estilo de hacer catequesis inspirándose en la pedagogía de Dios y en la pedagogía de Jesús… y en último lugar, el sumo cuidado por los lenguajes diversos que utilizan la catequesis (palabras, las relaciones, las actitudes, las imágenes, las actividades, entre otras cosas..)
     Para llevar a cabo una buena catequesis requiere reunir todo lo anterior, a la vez que se necesita de una formación continua del  catequista. Ante una realidad tan globalizada, es importante que en la Iglesia haya catequistas capacitados para afrontar los retos, los desafíos que esta misma realidad nos presenta tan cotidianamente. 
     Ser catequistas no es hacerle al cuento, es saberme llamado a vivir esta misión que el mismo Jesús, me hacer. Ser testigo y pregonero de la Palabra de vida, convirtiéndome en el mensajero fiel de Dios. Así que abramos el corazón a la gracia de Dios, y tomemos con las dos manos el proyecto que nos propone realizar en su nombre, con la conciencia de que El, es el autor de todo, y conoce bien.
    Unidos en la oración, y los encomendamos a la protección de María Santísima, que ella, sea intercesora de sus necesidades ante nuestro Señor Jesucristo. 
Atentamente:
Equipo DIDIPAC-CYA

sábado, 2 de julio de 2016

BIENAVENTURADO EL CATEQUISTA QUE…

“La Bienaventuranza es al mismo tiempo una bendición, un anuncio y una invitación para el que quiera entrar por ese camino”  Padre Francisco Merlos A.

Saludos a todos los catequistas de esta nuestra querida Diócesis de Celaya, de parte del Equipo DIDIPAC. 
Una bienaventuranza está compuesta de tres partes que no se pueden separar: la proclamación, el mensaje y el motivo. Tres elementos que Jesús, daba en sus bienaventuranzas, con un gran sentido de vida que llevo a la felicidad plena a toda persona que acogía con el corazón estas palabras de Jesús, el maestro. 
Por eso como Iglesia, hemos de reconocer el trabajo y valorar la presencia de los catequistas, de cuanto hacen en bien de la misma Iglesia. Dando generosamente su vida, sin escatimar nada, sino poniendo siempre al servicio con lo que Dios los ha bendecido. Y como catequistas, sabemos bien que nuestra vocación, es un don para los demás, con exigencias que implican sacrificio continuo, pero con la confianza de sabernos fortalecidos por el Espíritu de Dios.
El Padre Francisco Merlos A. en su libro “Manual para el catequista actual”, describe algunas bienaventuranzas del catequista, las cuales nos invitan a revisar nuestra vida de catequistas: 
1. Bienaventurado el (la) catequista que vive como hijo fiel y amante de su pueblo, porque sabrá comprenderlo y ser solidario de sus luchas, dolores y esperanzas, y de este modo podrá servirlo como él lo merece y lo necesita. 
2. Bienaventurado el (la) catequista que vive como discípulo perseverante de la Palabra de Dios, porque ella lo llenara de sabiduría para saber interpretar  la vida, enseñar la verdad  y ser testigo autentico del Señor.
3. Bienaventurado el (la) catequista que vive su fe como un peregrino en camino, porque será libre y estará siempre dispuesto a ir donde lo necesitan, sin aferrarse a situaciones, hábitos y mentalidades que le impiden caminar al ritmo de Dios. 
4. Bienaventurado el (la) catequista que se siente hombre o mujer de la comunidad, porque en ella encontrara su mayor fuerza espiritual, aprenderá a ser participativo y tendrá la alegría de vivir la fraternidad y la comunión,
5. Bienaventurado el (la) catequista que sabe dialogar con todos, porque su actitud generosa será una señal de la ternura de Dios, que nunca desprecia a nadie ni pierde la esperanza en sus hijos. 
6. Bienaventurado el (la) catequista que, como Jesús, acepta ser signo de contradicción, porque vivirá la dicha de ser fuerte en su debilidad, grande en su pequeñez y rico en su pobreza. 
7. Bienaventurado el (la) catequista que busca transformar su realidad con la fuerza del Evangelio y con el servicio que presta a los que sufren la injusticia, pues el Señor lo colmara de bendiciones por defender la dignidad de sus hermanos débiles.
8. Bienaventurado el (la) catequista que no se desanima ante los fracasos ni huye de los conflictos que son parte inevitable de la vida, porque con su fuerza y su perseverancia animara a sus hermanos y les revelara que Dios nunca deja de ser fiel. 
9. Bienaventurado el (la) catequista que vive su ministerio como un aliado incondicional del Espíritu de Dios, porque suyos serán los dones que El regala para que produzcan frutos abundantes.
10. Bienaventurado el (la) catequista que se esfuerza por comunicar su mensaje en un lenguaje que entiendan sus hermanos, porque tendrá la alegría de ser su compañero de camino. 
Así que, con el espíritu animado por Dios, seamos catequistas que siempre comuniquemos palabras que proclamen, den un mensaje y tengan un motivo de ser. Que nada ni nadie detenga nuestra alegría de ser testigos fieles de la Palabra del Señor Jesús. 
Que María Santísima de Guadalupe, los bendiga y proteja siempre, fraternalmente sus compañeros de camino, Equipo DIDIPAC. Nuestra oración por ustedes.

miércoles, 23 de marzo de 2016

LA VOZ DE DIOS, EN LOS CATEQUISTAS; PALABRA Y SILENCIO

Palabra y Silencio
“Se calla porque el silencio es como una fuente de donde nacen las palabras que nos llevan a la comunión con las personas” P. Francisco Merlos A.

Les saludamos con mucho entusiasmo, de parte de todo el equipo DIDIPAC, de esta nuestra querida Diócesis de Celaya, quienes nos alegramos de compartir con ustedes nuestra Fe y el gusto por servir a su pueblo en la Catequesis.

En el artículo  pasado hablamos de que un catequista ha de tener, Ojos, Oídos y Voz de profeta, desde el encuentro con el mismo Jesús, de manera que pueda estar capacitado para ser sensible a los signos de los tiempos.

En esta ocasión, hablamos sobre la importancia del “silencio”, entendido como un estado de paz interior, en donde se escucha la Voz de Dios, se medita, se contempla, para después llevarla a la acción. Son palabras eficaces, palabras que atraviesan la vida humana, que dan al ser humano sentido, trascendencia y ánimo, llevándolo a entablar relaciones interpersonales de profunda intimidad, generando una gran calidad de vida para todos.

En nuestra época como en todas,  es necesario dedicar tiempo al silencio, pedir al Dios de la vida nos de esta gracia, pues en un mundo tan lleno de ruido es esencial el silencio para encontrar las palabras en la Voz de Dios. De aquí que “el catequista necesita callar para escuchar, para contemplar, para madurar las cosas, para meditar, para reconocer el paso de Dios por la vida propia y la de los hermanos”. Han de ser maestros de la palabra pero también maestros del silencio, estar en un constante aprender una y otra realidad; para que sus palabras no sean vacías, sino que lleven aliento de vida a las realidades de muerte amenazan la dignidad de ser humano.

Su vocación, es ser hombres y mujeres de oración profunda con Jesús, de donde emanara su fuerza interior que los impulsara a vivir este binomio de silencio-palabra, con una autoridad dada por el mismo Jesús, autoridad misma que nada ni nadie se las podrá arrebatar, pues no es como la autoridad humana que juzga sin misericordia y esclaviza, sino que levanta y dignifica.
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Un catequista no es el que habla y habla, o el que cree que por el hecho de haber sido enviado a anunciar la Buena Nueva, está autorizado para decir miles de palabras que no trascienden, asemejándose a un “merolico”, es decir una persona que no deja de hablar. Al contrario un catequista ha de estar convencido de que la palabra nace del silencio profundo, para que esta pueda ser fecunda y convincente, pues en el fondo lleva la esencia misma del Evangelio. Y cuando nuestras palabras llevan esta carga evangélica,  inquietan, incomodan, conmueven, motivan e impulsan desde el interior de cada persona. Tal como el mismo Jesús, lo hizo, El medito en su interior, callo para hacer silencio, contempló y oró, y  después de estos momentos se atrevía a compartir con los demás las palabras ya procesadas en  el silencio de su corazón.

Igual que Jesús, nosotros catequistas hemos, de meditar en silencio, callar para que surja la palabra cargada de vida y portadora del Evangelio. No ser catequistas baratos, que a base de hablar y hablar creemos que damos vida, sino ser testimonio creíble de la Palabra, gestada en nuestro interior a fuego del silencio.

Pidamos a Dios la Luz del Espíritu Santo, para que ilumine nuestro caminar y aliente nuestra vida de oración, que nos muestre sabiamente los momentos en los que hemos de callar y los momentos en los debemos de hablar animados de su fuerza. Pues solo la sabiduría que proviene de Dios es la que hará de cada uno, portadores de la Buena Noticia, y quienes con alegría seguimos al Señor Jesús.

Que María Santísima, interceda por cada uno, los proteja y acompañe siempre: Fraternalmente:
Equipo DIDIPAC.

miércoles, 9 de marzo de 2016

CATEQUISTAS: CON OJOS, OÍDOS Y LENGUA DE PROFETAS.

Queridos lectores de Redes, reciban un saludo de parte de todo el equipo DIDIPAC, de esta nuestra Diócesis de Celaya, quienes agradecidos con ustedes, les invitamos a leer el siguiente mensaje que con gusto compartimos para todos. Gracias y que juntos construyamos una Iglesia, que busca la comunión fraterna.
“La convivencia humana es el encuentro continuo de muchos ojos, de muchos oídos y de muchas palabras que se juntan para hacer circular la vida y compartirla” (P. Francisco Merlos A.)
Nuestra vida cotidiana ha de ser un encuentro, una convivencia que nos brinde la oportunidad de crecer y palpar el amor misericordioso de Dios en nuestras vidas, capacitándonos para crear vida y compartirla. Sin embargo, hoy en día, nos encontramos inmersos en una realidad que aturde, llena de ruidos, de distractores que ofrecen felicidad momentánea. La vista se ha vuelto superficial, ya no alcanzamos a mirar y ser sensibles a las realidades de vida, que nos piden respuestas, que a gritos claman atención. Escuchar ya no es algo que sea importante, ahora es estar sumergidos en tantos ruidos que ahogan las voces de vida.
Muchas de nuestras palabras son vacías, ya no van llenas de sentido, de vida, de ánimo, de fuerza, de aliento, de esperanza, no tienen incidencia en la realidad, tan necesitada de palabras que cimbren, cuestionen e inviten al cambio desde Dios y que devuelvan sentido a la existencia. Existen muchos silencios, que solo conducen al aislamiento, al individualismo, el permanecer enajenados y anestesiados, solo estar en mi yo (ego), y los demás no existen.
Tal realidad, nos es urge a dejarnos mirar y tocar por Dios, escuchando continuamente su Voz, para poder así dar a los demás la vida que necesitan. Pues Dios, es nuestra fuerza, nuestro aliento y principal alimento. Y nosotros como catequistas, hemos de ser hombres y mujeres de oración, de encuentro continuo con Jesús, pues solo desde él, podremos Ver-Mirar, Escuchar y Hablar. Nuestro ser y misión de catequistas nos exige ser Profetas con todas estas características.
Hemos de estar en contacto cercano con la humanidad, con todo lo que nos rodea, que nos haga sentir que somos parte de ella, y que sintiéndonos así, nos comprometamos a mirar, escuchar, hablar, cuidar, acompañar, sanar y amar esta nuestra débil humanidad. Con nuestra vida evangélica,  contrarrestamos lo negativo que destruye y que debilita. “Los catequistas igual que los profetas, que Jesús, y los discípulos, entregan la Buena Nueva mirando, oyendo y hablando”. (P. Francisco Merlos A.)
Un verdadero catequista, es aquel que sabe ser sensible a las realidades, estando atento para mirar los signos de los tiempos, escuchando la Palabra de Dios y llevarla a la práctica, hablando con la verdad que libera y no esclaviza, que no se engaña y por consecuencia tampoco engaña a los demás. No se puede ser un catequista-profeta, sino se está en constante unión-relación con Jesús. Esto hemos de tenerlo claro.
Finalmente, pidamos a Dios, por intercesión de María Santísima, que anime nuestro ser de profetas, y fortalezca nuestra identidad de catequistas, para que podamos, Mirar, Escuchar y Hablar. Que seamos constructores y constructoras del Reino de Dios en este nuestro mundo de hoy, siempre en busca del bien común, sembrando virtudes evangélicas que le den sentido y dignidad a la vida.
Dios los bendiga y mucho ánimo!!!.
ATTE. EQUIPO DIDIPAC.

lunes, 15 de febrero de 2016

EL ESCÁNDALO.

"BIENAVENTURADOS LOS CATEQUISTAS 
QUE ESCANDALIZAN COMO JESÚS,
PORQUE SUYO ES EL REINO DEL CIELO".
Queridos catequistas y demás lectores los saludamos con cariño.
La palabra de Dios nos dice: “Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación…” (cfr. 2 Cor. 6,2) Dios nos ha permitido este tiempo de CUARESMA para  hacer un alto y repensar nuestra vida, Dios es el Señor de las oportunidades, cada día la renueva y nos invita a encaminarnos  hacia Él con la confianza plena de que nos recibe, porque él es Dios de misericordia.
Hoy ayudados por el P. Merlos los invitamos a reflexionar sobre el escándalo, todos sabemos que hay dos tipos de escándalos, el que destruye a las personas y el que se provoca por defenderlas.
Jesús fue un escandaloso según la opinión de  los fariseos, de Pilatos, de  sus paisanos de Nazareth y muchas otras personas lo consideraron un revoltoso, de hecho eso le mereció la muerte. Él se puso a favor de los desprotegidos y no le importó ser señalado como escandaloso con tal de defender a los más pobres de la sociedad de su tiempo.
Los profetas también escandalizaron con su palabra en nombre de Dios. Los discípulos de Jesús no se quedaron atrás. Muchos cristianos de las primeras comunidades fueron perseguidos y asesinados por escandalosos. Infinidad de mártires del cristianismo, murieron por perturbar el orden establecido, escandalizando con su fraternidad, su justicia y su misericordia.
Estos escándalos provocaron enormemente a las personas, pero sin destruirlas, por el contrario las invitan a ir por los caminos de Dios vivo, a pesar de la oposición  general y de la repugnancia que puedan sentir. Pablo el apóstol llega a decir en su predicación sobre el crucificado  es “locura” para unos y “escándalo”  para otros (1 Cor. 1,17-31). Es un hecho que el evangelio no se puede predicar  sin esta clase de escándalos, casi siempre tiene que ir en contra la corriente de la opinión pública. Escandaliza a los que se toman la vida con flojera, con cinismo, con arrogancia. Se enfrenta sencillamente a quienes de burlan de todo y de todos, sin tomar con responsabilidad su vida.
Los catequistas que toman en serio  su ministerio saben mucho de esto. Como Jesús ellos son “signos de contradicción” Y como El no pueden evitar ser escandalosos con el escándalo del Reino de Dios, del perdón, de la verdad, del amor, de la justicia, de la solidaridad.
En una sociedad descarada, los catequistas siempre van  a escandalizar con su palabra honrada, con su conducta recta y con su servicio desinteresado. Algunos los mirarán como seres de otro planeta, medio ingenuos y sin agallas para entrarle al juego de la trampa, de la tranza y de la zancadilla contra quien se deje.
“Dios ha escogido lo que el mundo tiene por necio para avergonzar a los sabios; y ha escogido lo que le mundo tiene por débil, para avergonzar a los fuertes” escribe San Pablo a los Corintios (1 Cor.1,27)  ¡Curiosa manera tiene el Señor de confiar en sus colaboradores!. Como quien dice los expone a la persecución. Pero no hay otra forma, pues es la misma que Él vivió sin condiciones. Más aún: si no se diera esta clase de escándalos algo le andaría fallando al discípulo de Jesús.
No está mal proclamar una bienaventuranza escandalosa: ¡Bienaventurados los catequistas que escandalizan como Jesús, porque de ellos es el reino de los cielos…!
Una invitación clara a ser catequistas escandalosos, no importa que nos digan que  somos unos tontos(as) porque damos nuestro tiempo y dinero sin recibir ninguna recompensa de la comunidad, sino al contrario somos escándalo, porque hacemos el bien desinteresadamente y buscamos el bien para los niños y de la comunidad a veces aún en contra de ellos mismos.
Hay alguien antes que nosotros que lo hizo hasta dar su vida, sin importar si era valorado o no su sacrificio.
Que él siga siendo nuestro ejemplo para dar la vida cada día en bien de los demás.
Animo y no desfallezcamos en el camino, porque el Señor camina con nosotros(as) Un saludo cariñoso en este tiempo de cuaresma.
Dimensión Diocesana para la Pastoral de la Catequesis.

lunes, 25 de enero de 2016

LOS CATEQUISTAS Y LOS DERECHOS HUMANOS

SI LOS CATEQUISTAS QUIEREN SEGUIR A JESÚS, SÓLO PODRÁN HACERLO SI ENTRAN A LA ESCUELA DE LOS DERECHOS HUMANOS TAL Y COMO ÉL LOS PRACTICÓ Y LOS ENSEÑÓ.

     Un saludo especial a cada catequista, que a través de este medio cultiva su formación como agente evangelizador, para seguir siendo un mejor testigo de Jesús en su realidad concreta.

LOS DERECHOS HUMANOS SON LOS MISMOS DERECHOS DE JESÚS,
QUE EL CATEQUISTA DEFIENDE A COMO DE LUGAR.
(Padre Francisco Merlos Arrollo)

¿Enseñó Jesús una doctrina sobre los derechos humanos? No tenemos en los Evangelios una doctrina especial y bien organizada sobre el tema. Jesús no nos dio lecciones magistrales sobre el asunto, ni habló frecuentemente sobre la necesidad de respetar los derechos de las personas. 
Pero mirando bien su mensaje, su comportamiento y toda su vida descubre de inmediato que la defensa de los humanos fue una de sus más grandes preocupaciones y una de sus más importantes tareas. Defender el valor sagrado de todas las personas, especialmente de las más lastimadas por algún tipo de injusticia o de sufrimiento, fue precisamente su mayor compromiso. Uno de los principales pilares de su ministerio pastoral fue justamente devolver la dignidad a todo ser humano, incluso corriendo riesgos y peligros por parte del poder político o religioso de su tiempo.  

Su vida entera fue la mejor demostración de su mensaje sobre los derechos humanos de todo hombre y de toda mujer. Su doctrina se convierte en práctica y su práctica se transforma en doctrina.  Es curioso comprobar cómo la mayoría de los conflictos de Jesús con sus enemigos, con la ley, con las tradiciones o con las autoridades corruptas, tuvieron como causa principal la defensa y la dignidad de la persona. La persona es más grande que la ley (Lc 13,10-17). 

Hay una página extraordinaria en el Evangelio de san Mateo 25, 31-46, puede leerse teniendo en mente los derechos del hombre. Se conoce como el discurso del juicio final (escatológico). Para Jesús el Reino de Dios está íntimamente ligado desde ahora y para siempre con el estricto respeto a los derechos de todos los seres humanos. “Tuve hambre, tuve sed, no tuve casa, estaba desnudo, estuve enfermo, en la cárcel…” y ustedes me tendieron la mano. Todos son derechos humanos.

Jesús sólo pone unos cuantos ejemplos de derechos humanos en su discurso. Pero bien podemos añadir muchos otros, por ejemplo, no tuve trabajo, fui un perseguido, no me dejaron tener una familia, me deportaron, me torturaron, fui un emigrante, no me pagaban el salario justo, fui un anciano abandonado, no tuve seguridad social, fui homosexual, fui divorciado vuelto a casar, me hice madre soltera, me robaron la honra y mucho más… Y la respuesta habría sido la misma: ustedes se atrevieron a luchar por el respeto a la dignidad. 

Recordemos cómo respeta Jesús los derechos humanos de Zaqueo (Lc 19,1-9); y los de la mujer samaritana (Jn 4, 1-43); y los de la mujer adúltera (Jn 8, 1-11); y los del hombre endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-20) y los de todos aquellos que tienen la fortuna de encontrarse con Él, incluidos los niños (Mc 10,13-16). Recordemos también la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37).

El seguimiento de Cristo consiste precisamente en actuar con los mismos criterios de Jesús, defendiendo los mismos valores que Él defendió y viviendo sus mismas reglas. Si los catequistas quieren seguir a Jesús sólo podrán hacerlo si entran a la escuela de los derechos humanos tal y como Él los practicó y los enseñó. 

En el Credo de la Iglesia decimos “por nosotros los hombres bajó del cielo… se encarnó de María Virgen y se hizo hombre…” Así hizo suyos los derechos de todo hombre y de toda mujer. Desde entonces defender o violar los derechos de una persona es lo mismo que defender o violar los derechos del mismo Dios”. 

En este tiempo de adviento y más aún en este año dedicado a la misericordia, hagamos nuestro el proyecto de Jesús, actuando como Él actuó, teniendo en cuenta a cada persona y sus necesidades y velando en la medida de nuestras posibilidades por su dignidad de hijos de Dios. 

(Fuente: “Manual para el catequista actual. Un camino para ser persona, profeta y servidor”.  Pbro. Francisco Merlos Arrollo. Ed. Nueva Palabra, 2015).

EQUIPO DIDIPAC.

ASUMIR EL RIESGO DEL CAMBIO

     Muy feliz inicio de año 2016 para cada uno de los lectores. 
     Estamos comenzando un nuevo ciclo, en el que  nos acompaña la esperanza, los deseos de algo diferente, de cambiar. 
     En esta sintonía con el nuevo año y los  anhelos de cambio, les proponemos la siguiente reflexión,ha  sido tomada del libro “Repensar la catequesis”, del autor Alvaro Ginel,  sacerdote salesiano. En relación a la hermosa tarea de la catequesis, y aquello en lo que podemos hacer el cambio. 

     “El terreno de la catequesis es un verificador extraordinario de la vida eclesial, tanto en la vertiente de conversión como de gobierno.
     Es posible llegar a un consenso en los síntomas que se aprecian en la realidad de la acción pastoral y de la catequesis. 
     El nudo crucial radica en la propuesta de novedad o, dicho de otra forma, en asumir el riesgo de abandonar aquello que nos produce desasosiego a correr el riesgo de lo desconocido.  Se trata de algo muy complejo donde se concentran diversos elementos: inseguridad, obediencia, capacidad de iniciativa en el seno de la  comunidad, formación recibida, miedo al riesgo, etc. 
     Con inmensa comprensión y con gran delicadeza, hay que aceptar que las personas responsables de las comunidades cristianas vivan internamente una situación de crisis o de nostalgia de la Iglesia de cristiandad de sus primeros años o de la Iglesia de cristiandad que sueñan para un futuro próximo.  Todo esto se percibe cuando la gente hace preguntas para pedir orientaciones sobre qué hacer.  Las respuestas que les “descolocan” de la posición que tienen, las entienden, pero les da la impresión de que son “propuestas imposibles”. A la vez, se quiere lo nuevo en lo viejo o sin salir de lo viejo.
     En otras ocasiones suelen decir: “Dinos experiencias que se estén haciendo. Dinos que es posible lo nuevo porque alguien lo está realizando ya”.  Ser los primeros en hacer algo causa un cierto desconcierto interno muy comprensible. Imaginar el futuro sin referencias previas de lo que otros realizan, paraliza más que dinamiza. 
     Por otra parte, se está pidiendo una lógica de resultados de “lo nuevo” pensando y sin salirse de las categorías previas donde ahora se está. De esta manera, la persona se sitúa en una lógica que podíamos describir así: valora lo nuevo desde posiciones de lo que hay que dejar. 
     Internamente para muchos, responsables de comunidades, párrocos y encargados de catequesis, este momento eclesial y catequético es difícil. 
     Cambiar se convierte así en una tarea más espiritual o de conversión que de gobierno o de técnica.  Es posible que algunos la afronten como un hecho más, un cambio de modelo de actuación sin más. No obstante, el cambio exigirá una espiritualidad de conversión y éxodo en los encargados de realizar la novedad que la catequesis exige”. 
     Repensemos la catequesis y la pastoral, desde una espiritualidad de conversión, desde el aporte que cada uno necesitamos dar. Haciendo de este tiempo, un tiempo de Encuentro,  un tiempo de Bendición. 
Equipo DIDIPAC.

martes, 22 de diciembre de 2015

MENSAJE NAVIDEÑO A LOS CATEQUISTAS.


Celaya, Gto., diciembre de 2015.

A TODOS LOS CATEQUISTAS DE LA DIÓCESIS.
     “Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado” (MV No. 2).
     El adviento es un tiempo de preparación y de espera en el nacimiento del Hijo de Dios, y poder contemplar con ello la misericordia del Padre reflejada en el Hijo, es motivo de alegría entrar en este tiempo donde obtenemos con más mérito la gracia del Padre por su misericordia, y reanimados por nuestra fe es motivo suficiente  para vivir el mandamiento del amor.
     Saludamos y animamos a nuestros catequistas, para que sigan dando a conocer el amor misericordioso de Dios, con el compromiso alegre y generoso, de cooperar a esta obra en sus parroquias, capellanías y centros de catequesis.
     Que con el santo Padre, nos unamos en la propagación de la misericordia, impulsando cada actividad para ello, y con mayor conciencia, preparándose más para dar mejor el servicio en la animación catequética, pues es indispensable ser buenos instrumentos de su Palabra, contando también con ello con el testimonio de vida y la oración que alimenta el alma, dando el buen ejemplo de una vida virtuosa que produzca frutos. 
     Reciban un gran saludo y bendiciones de parte de Dios, y que la luz de su Palabra, hecha carne, siga iluminando a cada uno de ustedes y a sus familias en esta Navidad.  Que en este próximo año sus vidas sean colmadas de gracia, paz y amor.
     Que María santísima les acompañe, alentando su labor incansable en este Año de la Misericordia.  

A t e n t a m e n t e
+Mons. Benjamín Castillo Plascencia
Obispo de Celaya

viernes, 6 de noviembre de 2015

PROBLEMAS URGENTES QUE LA CATEQUESIS DEBE RESOLVER.

     Queridos Catequistas los saludamos  deseando toda clase de bendiciones para ustedes y sus familias.
     Seguimos reflexionando  con la ayuda del Padre Merlos, en esta tarea tan importante dentro de la Iglesia como es la catequesis.
     El Padre Merlos analizando la situación de la catequesis en la actualidad nos dice: “Desde hace años se está buscando  una catequesis que responda mejor a las nuevas situaciones que vive la comunidad cristiana, una catequesis que no se conforme solo con enseñar doctrina. Esto la ha enfrentado con varios problemas que tiene que resolver cuanto antes, si quiere volver a ser lo que fue en los principios de la Iglesia, es decir, una verdadera oportunidad para guiar la vida de los creyentes hacia la madurez y compromiso”.
     También nuestra Diócesis  se ve inmersa en esta situación, tanto en lo que tiene que ver con la catequesis como en la formación de catequistas.
     “Uno de los problemas que la catequesis no ha logrado superar es su excesivo  apego a los esquemas tradicionales, inmóviles y fijos, poniéndola en conflicto con la sociedad que cambia rápidamente, que es dinámica, critica, creativa, abierta, dialogante y participativa. La vida se mueve, pero la catequesis parece que sigue igual.
      Ha sido difícil el cambio de mentalidad para implementar una catequesis que dé respuesta a la situación actual;  se han dado pequeños pasos que, definitivamente no dan alcance a la carrera  que se vive en la sociedad, tal como nos lo señala el Padre Merlos. Otros  autores nos dicen, que cuando logremos una conciencia de la necesidad de formarnos para dar razón de nuestra fe, ya la sociedad nos estará pidiendo algo más.
     “Un segundo problema es la crisis de las escuelas y centros de formación de catequistas”. Sin duda una catequesis renovada necesita de catequistas preparadas, que puedan dar una respuesta creativa a lo que la persona necesita en cada etapa de su vida. En nuestra diócesis se han dado algunos pasos al respecto pero estamos muy lejos de dar una respuesta a lo que los nuevos tiempos nos reclaman.
     Otro de los problemas y retos que tenemos es “la catequesis de la ciudad se presenta como una de las tareas más delicadas y difíciles, debido a las características de la ciudad moderna; caos, movilidad, anonimato, masificación, concentración de oportunidades, pluralismos, influencia de los medios de comunicación, desarraigo, ofertas religiosas de todo tipo. En una situación así la catequesis necesita ser muy dinámica ¿O será que está condenada a un puro recuerdo del pasado rural y en el peor de los casos a una verdadera desaparición.”
     Ojo catequistas,  esta última pregunta está sumamente cuestionante.  La catequesis de la ciudad es un verdadero reto, es aceptar que necesitamos abrirnos al Espíritu ante las nuevas situaciones. No podemos dar respuesta a los nuevos tiempos con un pensamiento melancólico de lo que era antes la catequesis; hoy más que nunca tenemos que dejar que el Espíritu de Dios nos lance con valentía hacia lo nuevo que se nos presenta, con una actitud de esperanza.
      Para ello es necesario poner nuestra mirada en lo esencial: “la catequesis necesita reconocer urgentemente que lo más importante en su tarea siempre son las personas. No son los métodos, ni los programas, ni los catecismos, ni la organización, ni siquiera el mensaje que se anuncia. Todo eso solo tiene valor porque están para servir a los hijos e hijas de Dios. Jesús llegó a decir: no es el hombre para el sábado (la ley) sino el sábado para el hombre.
     Desde luego no dice que no utilicemos todas estas herramientas, que siempre son  necesarias para el servicio que prestamos,  más bien nos hace caer en la cuenta que solo son eso, instrumentos que nos sirven para una tarea muy importante que es ayudar a las personas concretas, con una realidad especifica que necesita ser iluminada.
     En síntesis necesitamos una catequesis renovada para situaciones cambiantes y desafiantes, esto solo es posible poniéndonos a la escucha del Espíritu de Dios que hace nuevas todas las cosas y todas las personas cuando  somos capaces de dejarlo actuar en nuestra vida y desde ahí en la misión que se nos encomienda en la Iglesia que es la catequesis.
Equipo DIDIPAC

viernes, 2 de octubre de 2015

¿QUIEN ES EL CATEQUISTA?

¿Quién es el catequista? 
Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios.

Hola a todos los catequistas y demás lectores. 
La siguiente reflexión del Papa Francisco, dirigida a los catequistas el 28 de septiembre del 2013, nos exhorta a todos los cristianos a “ser hombres y mujeres que custodian y alimentan la memoria de Dios en la propia vida y la saben despertar en el corazón de los demás”. 

“¡Ay de los que se fían de Sión,... acostados en lechos de marfil!» (Am 6,1.4); comen, beben, cantan, se divierten y no se preocupan por los problemas de los demás”. Son duras estas palabras del profeta Amós, pero nos advierten de un peligro que todos corremos. ¿Qué es lo que denuncia este mensajero de Dios, lo que pone ante los ojos de sus contemporáneos y también ante los nuestros hoy? El riesgo de apoltronarse, de la comodidad, de la mundanidad en la vida y en el corazón, de concentrarnos en nuestro bienestar. Es la misma experiencia del rico del Evangelio, vestido con ropas lujosas y banqueteando cada día en abundancia; esto era importante para él. ¿Y el pobre que estaba a su puerta y no tenía para comer? No era asunto suyo, no tenía que ver con él. Si las cosas, el dinero, lo mundano se convierten en el centro de la vida, nos aferran, se apoderan de nosotros, perdemos nuestra propia identidad como hombres: miren bien, el rico del Evangelio no tiene nombre, es simplemente «un rico». Las cosas, lo que posee, son su rostro, no tiene otro.

Pero intentemos preguntarnos: ¿Por qué sucede esto? ¿Cómo es posible que los hombres, tal vez también nosotros, caigamos en el peligro de encerrarnos, de poner nuestra seguridad en las cosas, que al final nos roban el rostro, nuestro rostro humano? Esto sucede cuando perdemos la memoria de Dios. "Ay de los que se fían de Sión", decía el profeta. Si falta la memoria de Dios, todo queda comprimido en el yo, en mi bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener. Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio. Quien corre en pos de la nada, él mismo se convierte en nada, dice otro gran profeta, Jeremías (Cf. Jr 2,5). Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de las cosas, de los ídolos. 

Entonces… me pregunto: ¿Quién es el catequista? Es el que custodia y alimenta la memoria de Dios; la custodia en sí mismo y sabe despertarla en los demás. Qué bello es esto: hacer memoria de Dios, como la Virgen María, que, ante la obra maravillosa de Dios en su vida, no piensa en el honor, el prestigio, la riqueza, no se cierra en sí misma”. “Por el contrario, tras recibir el anuncio del Ángel y haber concebido al Hijo de Dios, ¿qué es lo que hace? Se pone en camino, va donde su anciana pariente Isabel, también ella encinta, para ayudarla; y al encontrarse con ella, su primer gesto es hacer memoria del obrar de Dios, de la fidelidad de Dios en su vida, en la historia de su pueblo, en nuestra historia: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor... porque ha mirado la humillación de su esclava... su misericordia llega a sus fieles de generación en generación’”.

EL catequista, pues, es un cristiano que lleva consigo la memoria de Dios, se deja guiar por la memoria de Dios en toda su vida, y la sabe despertar en el corazón de los otros. Esto requiere esfuerzo. Compromete toda la vida. El mismo Catecismo, ¿qué es sino memoria de Dios, memoria de su actuar en la historia, de su haberse hecho cercano a nosotros en Cristo, presente en su Palabra, en los sacramentos, en su Iglesia, en su amor? 

Queridos catequistas, les pregunto: ¿Somos nosotros memoria de Dios? ¿Somos verdaderamente como centinelas que despiertan en los demás la memoria de Dios, que inflama el corazón?

«¡Ay de los que se fían de Sión!», dice el profeta. ¿Qué camino se ha de seguir para no ser «superficiales», como los que ponen su confianza en sí mismos y en las cosas, sino hombres y mujeres de la memoria de Dios? 

San Pablo, dirigiéndose a Timoteo, da algunas indicaciones que pueden marcar también el camino del catequista, nuestro camino: Tender a la justicia, a la piedad, a la fe, a la caridad, a la paciencia, a la Mansedumbre (Cf. 1 Tm 6,11).

El catequista es un hombre (o una mujer) de la memoria de Dios si tiene una relación constante y vital con él y con el prójimo; si es hombre de fe, que se fía verdaderamente de Dios y pone en él su seguridad; si es hombre de caridad, de amor, que ve a todos como hermanos; si es hombre de «hypomoné», de paciencia y de perseverancia, que sabe hacer frente a las dificultades, las pruebas y los fracasos, con serenidad y esperanza en el Señor; si es hombre amable, capaz de Comprensión y misericordia. 

Pidamos al Señor que todos seamos hombres y mujeres que custodian y alimentan la memoria de Dios en la propia vida y la saben despertar en el corazón de los demás. 
ATTE: Equipo DIDIPAC

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