jueves, 11 de diciembre de 2014

"Queridos Catequistas" Adviento 2014, Papa Francisco.


     Queridos catequistas,  sigamos preparando el corazón a la llegada, a la presencia Amorosa de nuestro Dios hecho Hombre:
     Les proponemos, que la siguiente reflexión tomada del libro “Queridos catequistas” del Papa Francisco, la hagamos nuestra, que  Iluminada con la Palabra de Dios: “Velen y oren”, nos preparen también a vivir este tiempo de Adviento, ya que la oración es el lugar en donde Dios nos manifiesta su Amor, su Misericordia desbordante y la que nos hace capaces de ir al encuentro de nuestros hermanos. 
     En un mundo fragmentado, y la tentación de nuevas fracturas de muerte en nuestro país,   ante la experiencia dolorosa de nuestra fragilidad, se hace necesario y urgente ahondar en la oración y la adoración.  Ella nos ayudará a unificar nuestro corazón y nos dará entrañas de misericordia, para ser hombres de encuentro y comunión, que asumen como vocación propia el hacerse cargo de la herida del hermano. 
     No priven a la Iglesia de su ministerio de oración, que les permite oxigenar el cansancio cotidiano dando testimonio de un Dios tan cercano, tan Otro: Padre, Hermano y Espíritu; Pan, Compañero de Camino y dador de Vida.
     Anunciar el kerigma, resignificar la vida, formar comunidad, son tareas que la Iglesia les confía de un modo particular a los catequistas.  Tarea  grande que nos sobrepasa y hasta por momentos nos abruma.  Pero  es justamente desde la experiencia de la fragilidad propia en donde se evidencia la fuerza de lo alto, la presencia de Aquel que es nuestro garante y nuestra paz.
     Por eso, me animo en este año a invitarte a que con la misma mirada contemplativa con la cual descubres la cercanía del Señor de la Historia, reconozcas en tu fragilidad el tesoro escondido, que confunde a los soberbios y derriba a los poderosos. Hoy el Señor nos invita a abrazar nuestra fragilidad como fuente de un gran tesoro evangelizador.  Reconocernos barro, vasija y camino, es también darle culto al verdadero Dios.
     Porque sólo aquel que se reconoce vulnerable es capaz  de una acción solidaria. Pues conmoverse (moverse-con) de quien esta caído al borde del camino, son actitudes de quien sabe reconocer en el otro su propia imagen,  mezcla de tierra y tesoro por eso no la rechaza. Al contrario la ama, se acerca a ella y sin buscarlo descubre que las heridas que cura en el hermano son ungüento para las propias.  La compasión se convierte en comunión, en puente que acerca y estrecha lazos.
     Ni los salteadores ni quienes siguen  de largo ante el caído, tienen conciencia de su tesoro ni de su barro.  Por eso los primeros no valoran la vida del otro y se atreven a dejarlo casi muerto.  Si no valoran la propia, ¿Cómo podrán reconocer como un tesoro la de los demás?
     Los que siguen de largo a su vez, valoran su vida pero parcialmente, se atreven a mirar sólo una parte, la que ellos creen valiosa, se saben elegidos y amados por Dios (llamativamente en la parábola son dos personajes religiosos en tiempos de Jesús: un levita y un sacerdote) pero no se atreven a reconocerse arcilla, barro frágil.  Por eso el caído les da miedo y no saben reconocerlo, ¿Cómo podrán reconocer el barro de los demás si  no aceptan el propio?
     Si algo caracteriza la pedagogía catequística, si en algo debería ser experto todo catequista, es en su capacidad de acogida, de hacerse cargo del otro, de ocuparse de que nadie quede al margen del camino.  Por eso ante la gravedad y lo extenso de la crisis, te invito a que renueves tu vocación de catequista y pongas toda tu creatividad en “saber estar” cerca del que sufre, haciendo realidad una “pedagogía de la presencia”, en el que la escucha y la projimidad no sólo sean un estilo sino contenido de la catequesis. 
     Y en esta hermosa vocación artesanal de ser “crisma y caricia del que sufre” no tengas miedo de cuidar la fragilidad del hermano desde tu propia fragilidad: tu dolor, tu cansancio, tus quiebres, Dios las transforma en riqueza, ungüento, sacramento.  
     Es en la fragilidad donde somos  llamados a ser catequistas.  La vocación no sería plena si excluyera nuestro barro, nuestras caídas, nuestros fracasos, nuestras luchas cotidianas: es en ella donde la vida de Jesús se manifiesta y se hace anuncio salvador.  Gracias a ella descubrimos los dolores del hermano como propios.  Y desde ella, la voz del profeta se hace Buena Nueva para todos: 
     “Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes, digan a los que están desalentados: “¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios¡  El mismo viene a salvarlos”. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparan los oídos de los sordos, entonces el tullido saltara como un ciervo y la lengua de los mudos gritara de júbilo, los acompañaran el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos s alejaran.” Isaías 35, 3.5
(Mensaje a los catequistas de la Arquidiócesis de Buenos Aires Argentina, 
21 de agosto de 2003.
 Jorge Mario Bergoglio. Queridos Catequistas. Cartas, Homilías y discursos.
Ed. PPC. Pg. 25-27)




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