sábado, 4 de abril de 2015

JESÚS ENTRE NOSOTROS

     Con gran alegría, por la presencia de Jesús resucitado entre nosotros les saludamos, deseando que este tiempo especial de Pascua nos motive a reconocer los signos de vida  en cada uno y a nuestro alrededor. 
     Como cristianos y especialmente como catequistas estamos llamados a sostener lo que somos y hacemos desde esta experiencia, desde el encuentro con Jesús Resucitado,  sólo así nuestra vida tiene sentido.
     Los discípulos de Jesús, que compartieron con El, su vida, entre la cotidianeidad de los caminos, los pueblos, los pobres, las mujeres, los enfermos. Que codo a codo vivieron junto a Él momentos de alegría, cansancio, de dolor, no alcanzaban a ver su profundidad, ni su sentido; si no a partir del encuentro con el Amigo, el Maestro resucitado. 
     Los apóstoles seguían pensando en cuestiones meramente terrenas,  con una corta mirada de la vida, la libertad, el amor.   Ha sido a partir de la experiencia de Jesús resucitado, en su entrega total y Amor incondicional, al vencer  la muerte y en ella al egoísmo, que los discípulos son capaces de lanzarse al mundo; ya no pensando en sí mismos y sus proyectos, ahora salen a compartir, a contagiar de esta misma experiencia.
     Ejemplo de ello son las mujeres que salen muy de madrugada, dice el Evangelio (Cfr. Mc. 16,1) buscando a Jesús, al ver la piedra movida, piensan que se lo han llevado, se entristecen, sin embargo al escuchar “buscan a Jesús de Nazareth…no está aquí ha resucitado” ellas creen, y hacen lo que El les dice, “vayan a decirles a sus discípulos…El irá delante de ustedes a Galilea. Allá lo verán” (Cfr. Mc. 16, 7) corren, comparten la gran Alegría: el Maestro, el Amigo, está vivo, está entre ellos.
     Son mujeres de valentía, que van al encuentro del Jesús muerto, que yacía en la tumba, sin embargo, su Fe, y esperanza se aviva al escuchar que El vive (Cfr. Mc. 16,10)  Son pilares, para que otros se encuentren con Jesús resucitado, pues se dejan transformar, se dejan cuestionar, ¿buscan a Jesús muerto? Él, él no está muerto, sino vivo, no busquen más en lo muerto, en lo caduco, en lo estático y encerrado a Jesús, sino en la vida, en la vida que se crea y se recrea. 
     Comunican, hacen resonar la experiencia del Encuentro con Jesús a los demás, y es en el momento en que se encuentran con el Resucitado, que su vida se transforma y tiene sentido.   Es a partir de esta vivencia que salen del encierro, salen a reemprender el camino, a donde todo inició, en Galilea, ahora con la mirada puesta sólo en Jesús, dador y Dueño de la vida, la vida plena. 
     También nosotros estamos invitados a hacer esta experiencia, colmada de Vida, dejarnos encontrar por  Jesús, a la orilla del camino, al partir el pan, en nuestros fracasos o encierros, dejar que su Amor desbordante nos inunde, y desde ahí, hablar a nuestros hermanos, jóvenes niños.
     Nos dice el papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, “Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en El y seguirlo no es solo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de pruebas” (167) 
     Seamos catequistas, que comparten la alegría del encuentro con el Resucitado, la alegría de palpar que Jesús está entre nosotros, que está vivo y nos colma de su Vida plena. 
Equipo DIDIPAC

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